Fragmentos de Bakunin

Para escapar a su miserable suerte, el pueblo tiene tres caminos: dos imaginarios y uno real. Los primeros dos son la taberna y la iglesia. El tercero es la revolución social.(...)

Las revoluciones no se hacen nunca ni por individuos ni por sociedades secretas. Se producen en cierto modo por sí mismas, las origina la fuerza de las cosas, el torrente de los acontecimientos y de los hechos. Preparadas ya de largo tiempo antes en lo íntimo de la oscura conciencia de la masa popular, estallan luego repentinamente, obedeciendo en muchas ocasiones a causas aparentemente minúsculas.

Entendemos por revolución el desencadenamiento de lo que hoy se llama malas pasiones y la destrucción de todo cuanto en la misma lengua se denomina "opinión pública".

La estupidez de los hombres hace necesarias, muchas veces, las revoluciones sangrientas; con todo, éstas son siempre un mal, un mal enorme y una gran desgracia, no sólo por respeto a las víctimas, sino también por lo que se refiere a la pureza y perfección del fin en cuyo nombre se verifican.

No hay que extrañarse de que el pueblo, en los primeros momentos de su rebelión, mate muchos opresores y expoliadores. Esta desgracia, que por lo demás tiene pocas consecuencias como los daños causados por un temporal, acaso no haya podido evitarse. Pero estos hechos naturales ni serán morales ni siquiera útiles. Las carnicerías políticas no han dado muerte jamás a los partidos; siempre se han demostrado impotentes, sobre todo enfrente de las clases privilegiadas, pues la violencia se dirige no tanto contra los hombres, como contra la posición que crean ciertas instituciones a los privilegiados, y en especial el Estado y la propiedad privada. Entonces, si se quiere hacer una revolución que llegue hasta los fundamentos, es necesario atacar el sistema mismo, las cosas; destruir la propiedad y el Estado, con lo que no habrá necesidad de exponerse a la inevitable reacción que en toda la sociedad provocaron y siempre provocarán las matanzas de hombres. Pero de este modo, se tiene derecho a proceder con los hombres humanamente, sin peligro para la revolución, a ser inexorable con las cosas y el sistema en sí, y a destruirlo todo, y en primer término, la propiedad y la inevitable consecuencia de la misma, o sea el Estado. En esto consiste todo el secreto de la revolución.


de Método de Consecución



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